El buen vivir o sumak kawsay significa la “vida plena” desde la cosmovisión indígena, es decir aspirar a vivir bien y no vivir “mejor que”. Éste se alcanza cuando existe una armonía entre el ser humano con su pasado, con sus semejantes, con su comunidad, con sus raíces culturales, con su espiritualidad y también con la naturaleza, con una perspectiva intergeneracional. Con el Plan Nacional del Buen Vivir 2009-2013 el Gobierno Nacional aplica estos conceptos para el cambio económico y social.

El Buen Vivir

Nos encontramos en un punto de quiebre para el futuro sostenible de nuestra civilización y para el buen vivir de nuestros pueblos. El concepto de buen vivir o sumak kawsay significa la “vida plena” desde la cosmovisión indígena y se alcanza cuando existe una armonía entre el ser humano con su pasado, con sus semejantes, con su comunidad, con sus raíces culturales, con su espiritualidad y también con la naturaleza, con una perspectiva intergeneracional. Por su parte, los derechos de la naturaleza adoptados constitucionalmente por el Ecuador enfatizan sobre la relación armónica del ser humano con el entorno natural a través del respeto integral a su existencia, al mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos, que evidentemente están siendo alterados por el cambio climático.

El Fondo Yasuní se utilizará para financiar proyectos en línea con el Plan de Desarrollo del Ecuador denominado Plan Nacional del Buen Vivir 2009-2013, en el cual el Estado asume los Derechos de la Naturaleza contemplados en la Constitución de la República.

Asimismo, desde el principio de corresponsabilidad social, las personas, comunidades, pueblos y nacionalidades, los sectores privados, sociales comunitarios y la población en general deben cuidar y proteger la naturaleza.

El enfoque de Buen Vivir rebasa la concepción desarrollista que imperó en los últimos sesenta años, que estaba basada en una visión extractivista de los recursos naturales, la expansión de suelos agrícolas y la explotación masiva e intensiva de los recursos mineros y pesqueros.

La responsabilidad de tratar el agua y la biodiversidad como patrimonios estratégicos es un desafío para las políticas públicas del país. De ella se derivan retos, como lograr cambios significativos en las instituciones que dirigen la política, la regulación y el control ambiental.

Aunque el Ecuador, a diferencia de los países más industrializados, no aporta en exceso a la emisión de CO2, a partir del marco constitucional vigente, puede sentar precedentes históricos de carácter amplio en este ámbito.

La no extracción de crudo a cambio de contribuciones abre una gama de oportunidades para lograr el Buen Vivir.